Trata sobre una chica, Sara, que sufre un trastorno de la conducta alimentaria, que lo arrastra desde la infancia, y las consecuencias que produce eso en su salud mental
Una chica en su habitación conecta su cámara del ordenador y comienza a
grabarse. Nada más conectar la cámara, se levanta, va por un cenicero, se coloca la
ropa que lleva puesta, se sienta, se acerca un poco con la silla y comienza a hablar
mientras se hace un porro.
SARA:
“Hola, bueno, no se si esto lo va a ver mucha gente o no,.. (hace una pausa)... joder” (apagando la cámara)
Coge otra vez el papel, el tabaco y el grinder y termina de hacerse el porro,
lo enciende y se levanta con el en la mano y comienza a andar por la habitación
ensayando el principio del vídeo.
SARA:
“Hola, tengo 24 años,...hola, me llamo Sara, tengo 24 años, vivo sola y tatata, mido tanto y peso tal, pero no siempre fue así...” (hace un gesto de aprobación y se vuelve a sentar, le da una calada más al porro y pone la cámara a grabar) “Hola, me llamo Sara, tengo 24 años, vivo sola en un apartamento y trabajo como analista de datos en una empresa informática, mido 1,60 m y peso 51 kg, pero no siempre fue así.”
Le vuelve a dar una calada al porro y se levanta sin apagar la cámara, sale de la habitación y vuelve a los pocos segundos con una lata de cocacola, dándole un trago. La deja sobre la mesa al lado del cenicero y continua con la grabación.
SARA: “Grabo esto porque no se como escribirlo, no se como expresarlo de otra manera, y porque estoy harta de fingir que estoy bien y que puedo con todo”
Hace una pausa, respira hondo, le da un trago a la cocacola y continua.
SARA: “De pequeña, de muy pequeña, era una niña feliz, o eso creo, porque los primeros recuerdos que tengo, son ya de primaria, y ahí la cosa empezó a cambiar. Al principio no le das mucha importancia, son bromas de compañeros, pero con el tiempo empieza a ser costumbre, hasta el punto de que dejas de ser Sara, para pasar a ser el blanco de todas las burlas de tus compañeros”
Vuelve a hacer una pausa, se enciende otra vez el porro, le da una calada, tose
un poco y continua.
SARA: “Al principio eran más suaves, porque los niños tan pequeños aún no tienen tanta maldad, pero a medida que íbamos creciendo, los insultos eran más hirientes, se reían continuamente de mi, incluso de las burlas pasaban a los empujones, me escupían, me señalaban...era la gorda, la foca, la manteca y los últimos años de instituto la GDM o GDM a secas, gorda de mierda”
Rompe a llorar recordando esos
momentos. Se seca las lágrimas, le da otro sorbo a la cocacola, se levanta, da un par de pasos de un lado a otro, coge el porro sin sentarse, le da otra calada, se vuelve a sentar y continua.
SARA: “Yo disimulaba, en aquellos años, 16, 17 años, ya había empezado a fumar porros, y quieras o no, me ayudaban a evadirme un poco de la realidad, y aunque me dolía mucho todo lo que me decían, intentaba disimular, que no se notase que estaba jodida, incluso a veces me reía cuando me insultaban. Poco a poco eso fue haciendo mella en mi, ya no me quitaba la ropa delante de las compañeras en el instituto cuando teníamos educación física, nunca me bañaba en verano, no me quitaba ni la camiseta,siempre me ponía a la sombra para no pasar mucho calor, vestía con ropa muy ancha, y empece a vomitar. Al principio era solo en la cena, me lo provocaba, me metía dos o tres dedos en la boca y terminaba vomitando. Con el tiempo empece a hacerlo en las comidas también, me metía en el cuarto de baño y abría el grifo para que no se escucharan las arcadas ni el ruido al vomitar”
Sara, hace una pausa, le cuesta mucho hablar sin emocionarse. Respira hondo se
seca una lágrima que se le caía, y continua.
SARA: “Empecé a perder peso, pero aún así no me sentía cómoda, siempre me parecía poco, e incluso me asusté, porque después de cada vómito, empece a sangrar por la nariz, supongo que sería del esfuerzo. Los meses siguientes dejé de hacerlo tan a menudo, hasta que descubrí que bebiendo mucha agua, no hacía falta que me lo provocara y volví a darme atracones y a beber mucha agua para poder vomitar sin
esfuerzo”.
Vuelve a hacer una pausa, mira el cenicero y lo aparta con la mano, los
ojos están rojos de llorar y de fumar, el ambiente en la habitación está demasiado
cargado. Sara se levanta y se dirige a la ventana, la abre y asoma la cabeza respirando profundamente, se queda unos segundo mirando por la ventana y vuelve a sentarse delante del ordenador.
SARA: “Y llegó el momento de irme de casa. Tenía la opción de estudiar cerca de casa, había sacado buena media entre bup, cou y selectividad, pero necesitaba salir de casa, necesitaba alejarme de la familia, sobre todo de mi madre, que me miraba decepcionada, aún no había empezado a ser tan hiriente como lo es ahora”
Sara golpea la mesa fuerte, incapaz de contener la rabia.
SARA: “Me fuí a estudiar informática a Madrid, en contra de la voluntad de mi madre, pero con el beneplácito de mi padre, que es la única persona que me ha apoyado incondicionalmente”
Sara rompe a llorar. Durante unos segundos no es capaz de controlar
el llanto. Cuando consigue calmarse, le da un trago a la cocacola, la aprieta fuerte, se gira ya que se ha acabado y la lanza a la papelera encestando y sonriendo de la sorpresa de haber encestado.
SARA: “Mi madre me decía que iba a ser la causante del divorcio de ellos, y no contenta con eso, cada vez que les iba a visitar en los primeros meses, a parte de las miradas de asco que me hacia, lo verbalizaba, me decía que que fea y gorda estaba, mi padre me abrazaba cuando ella se iba y me decía que no me preocupara, que estaba estupenda, que no le hiciera caso, que a sus ojos era maravillosa y que no hiciera caso a los comentarios de nadie, y que además, la que tenía que estar contenta conmigo era yo misma, que la opinión de nadie más, ni su opinión tenía que importarme. Pero aún así, cada vez que me iba de casa de mis padres me iba destrozada, con la autoestima por los suelos y al llegar a casa seguía con los atracones, los lloros, y esta autodestrucción que me ha seguido desde la adolescencia”
SARA: “Los años de la universidad, sobre todo los los últimos tres años, pasaron volando, entre los trabajos que me buscaba para poder pagarme el piso, el estudiar e ir
a la universidad a las clases, no tenía tiempo para pensar. Lo vómitos cesaron un poco,
y el poco peso que había perdido, lo recuperé de nuevo. Volvía a la casilla de salida una
y otra vez. Buscaba trabajos que no estuvieran cara al público, que no me expusieran
mucho, trabaje en esos años de cuidadora los fines de semana y de acomodadora en unos
cines, hasta que terminé la carrera, en esos últimos años mis padres se separaron y solo recibí llamadas de mi padre, todos los días, y una vez a la semana mínimo venía a visitarme, nunca, nunca me juzgo, y mira que tuvo motivos, pero el me decía que lo que más le preocupaba era mi felicidad y mi salud, por eso nunca dijo nada de lo porros, decía que mientras que hiciera una vida normal, que no dejara de estudiar, que no afectara a mis resultados académicos, o no me afectara en el trabajo, que podía hacer lo queconsiderara oportuno, que era mi vida y que el solo estaba para apoyarme y para ayudarme en lo que estuviera en su mano, que me quería tal y como era, porque para el era perfecta”
Sara sonríe recordando las palabras de su padre y añade después de unos segundos
sonriendo.
SARA: “Lo único que me pedía, era que le tuviera alguna cerveza fresquita para cuando viniera a visitarme, y que cuando estuviéramos juntos en el piso, que fumara en
el balcón, que no le gustaba que la ropa le oliera a tabaco, aunque alguna calada que otra
le daba siempre”
Sara se vuelve a levantar, después del recuerdo de su padre, parece que algo le ha
afectado, ya no sonríe, coge el tabaco, el papel y la marihuana y empieza a hacerse otro
porro. Se lo hace con calma, con mucho mimo, como sabiendo que ese va a ser el último
que se va a fumar, como intuyendo que después de ese momento, no va a haber más momentos, algo en ella se estaba apagando, algo que igual no solo ella, sino los demás nunca dejaron brillar. Se va de la habitación y vuelve con una botella de ron miel, y un vaso, abre la botella y se sirve un poco en el vaso, lo prueba, deja el vaso en la mesa y se enciende el porro. Le da varias caladas reclinándose sobre la silla y mirando hacia el techo. Deja el porro en el cenicero y vuelve a dar un sorbo pequeño, como mojándose los labios.
SARA:“Por lo único que me da pena, es por él, él ha sido la única persona que me ha entendido, que me ha apoyado, que me ha querido, y al único que realmente siento
que le he fallado, papá, lo siento mucho, pero no puedo más”.
Sara, apaga la cámara y envía por google drive el vídeo a su padre y lo sube a
instagram, y luego apaga el ordenador, se queda mirando la pantalla, y comienza a llorar
coge el porro y empieza a fumar, y a terminarse el ron miel que se había puesto.
A duras penas consigue levantarse de la silla, se acerca a la ventana, la abre y se
asoma, se queda mirando por ella, la altura al suelo es de cinco pisos, vuelve a meter la
cabeza y coge la silla, la acerca a la ventana, pone un pié encima de la silla y se queda
mirando una foto que hay en la estantería de ella con su padre y una nota en ella que
dice, “Nunca te dejaré caer”. Sara llorar desconsolada, sube el otro pie a la silla y se
agarra a la ventana, pero hay algo que la para, el timbre de casa empieza a sonar, golpes
en la puerta y el sonido de una llave en la cerradura, como alguien intentando abrir.
PADRE:“Sara, Sara”, (entrando en la habitación corriendo, y parando en el umbral de la puerta y comenzando a dar pasos más despacios acercándose a la ventana), “No por favor,no lo hagas tienes mucha vida por delante, te he visto en instagram, tenía miedo de no
llegar a tiempo, no lo hagas por favor cariño, hay mucha gente que te quiere”
SARA:“Papá por favor, déjame, no aguanto más este dolor”
PADRE:(Acercándose cada vez más a Sara)“No puedo, eres lo mejor que me ha
pasado en la vida, eres lo que más quiero”(llegando hasta Sara y agarrándola fuertemente,
haciéndola bajar de la silla y abrazándola, llorando los dos).
SARA:“Papá...”
PADRE: “Ssshhhh, no digas nada...”(la abraza más fuerte aún)“Nunca te dejaré caer”
FIN