I. El " yo" objeto.
Avanza por los pasillos de carne
con tiritas y dolores
por tacones prestados.
Mira ojos de vidrio.
Bebe lo suficiente.
Fuma lo inconcebible.
Come por no morir.
Danza por no dormir.
Se busca en los espejos.
s todo piernas.
Es todo brazos largos
que van y vienen
en el rojo intermitente
chocando con tantas pieles.
Es justo donde no se puede ser.
Donde no está, existe.
Desaparece donde se exhibe.
Desvanecerse es el límite
Es una náusea que estalla en purpurina.
Brilla tras flequillos parisinos
y sueña con entradas clandestinas creadas para reinas caducas
de la belleza
y pedestales más firmes
para bailar y sonreír
ante lo que no encuentra.
Súplica, reza
por volver a casa
habiendo cobrado su pieza
y no yacer sola en su viejo catre.
Sudar y estrellarse contra dientes.
Sentir embestidas que le hagan temblar y reventar la cabeza.
... Luego duerme donde ya no queda nadie.
Escupe el sabor de desconocidos
que se van con su olor
a cualquier parte.
Después siempre es tarde.
Más vale acostumbrarse
y volver a levantarse,
sacudirse el escozor,
lavarse entre las piernas,
aclararse la garganta
y estrenar un cuerpo usado
en...
EL VIEJO MERCADO DE LAS MANOS.
II. El "yo" engendro.
Qué pretencioso concebir una obra
como acabada.
Sin embargo, a mí, que siempre me encantaron los bocetos,
precisamente por contener en ellos una promesa incumplida,
se me antoja esta noche suficiente.
Dibujé un personaje con tal profusión
de detalles incoherentes,
y a la vez,
todos ellos le han hecho tan real...
Dones, fallos, manías,
certezas superficiales,
vicios bastante asequibles,
pereza disfrazada de rebeldía,
brusquedad vestida
de verdad desnuda,
excusas en perífrasis extensas,
mentiras muy cortitas,
puro teatro,
tragicomedia ligera,
mitad hambre en los banquetes,
mitad ayuno en soledad.
¿O era al revés?
Solo sé ahora
que,
en la intimidad que compartimos,
puedo mirarle de frente y
verme, creerme,
reconocer algunas partes como mías.
Logro descansar en sus discursos sin público,
sin coros ni comitivas.
Consigo masticar las horas oscuras sin miedo
con sus afilados dientes.
Me permito el perdón,
la palmadita en la espalda,
la colleja y el punto en boca
amparada en sus dedos.
En esta larga y negra noche doy por terminada esta versión de mí.
Ignoro si soportará revisión en el tiempo
o acabaré devorando a este engendro, escupiéndolo
con otras formas y colores.
Poco importa cuánto mute.
Estoy condenada a reconocerle
en cualquier lugar
porque
siempre tendrá mis ojos
OSCUROS Y VORACES.
III. El "yo" Onírico.
¿Por qué sueño con habitaciones que no existen en casas que ya no habito?
¿Por qué sueño con aviones que sobrevuelan diminutas islas?
¿Por qué sueño con tardes cerradas, muchedumbres sin rostro y monsergas ahogadas en su propio eco?
¿Por qué sueño que no despierto,
y cuando despierto, aún estoy dormida?
¿Por qué me pregunto estas tonterías?
Como si una dosis de lógica
fuera la Piedra de Rosetta.
Como si un pájaro fuera a traer
mi paz en su pico.
Porque sueño con retoños humanos vestidos de blanco ensuciándose en los charcos.
Porque sueño con tacones ligeros sobre el empedrado.
Porque sueño con escaparates llenos de autómatas brillantes sin cuerda.
Porque sueño con callejones extraños en ciudades conocidas.
Porque sueño que no despierto, y cuando despierto, aún estoy dormida.
Porque sueño aún sigo
EN LA ORILLA DE LOS VIVOS.
IV. El "yo" Ermitaño
Cuando, de entre las nubes altas, brote
el rayo imposible de ignorar
y te queme las pestañas
hasta dejarlas como arañas
panza arriba,
no seas tonta, Su.
¡Tápate!
¡Que no hay manos tan grandes!
¡Que no hay hierba tan fresca!
¿Qué me vas a contar tú
de las derivas?
¿Qué verdades universales sacadas
del libro de las verdades
de tu santa Biblia personal?
Cuando, de entre los árboles del huerto
junto al camino,
lluevan manzanas que rueden
hasta tus pies,
no seas tonta, Su.
¡Agáchate y haz de tu falda un cesto!
¡Que no hay manos tan grandes!
Que no hay mucho por lo que
no haga falta pagar.
¿Qué me vas a contar tú
de ansiar a boca llena?
¿Qué demonio te regala el dulce sabor
y el gusano dentro?
No seas tonta, Su.
¡Cuídate de andar
a pecho descubierto!
¡Tápate!
¡Agáchate!
Cuando, de entre todos los ruidos,
brote una voz que te haga cosquillas
en lugares
que dabas por muertos
y no.
¡Ay, Su!
Pobre tonta entre las tontas.
¡Huye!
Que no hay vísceras tan duras
en este cuerpo.
¡QUE NOOOO!
Nínfula en su ínsula,
fumándose su vida y su placer a solas.
Cortando la península
de tanto arañarla.
Inundando los límites
Escupiendo hacia arriba.
Desterrando a los náufragos
hacia otras orillas.
Cantando mal la rabia y la alegría.
Contando mal la historia de sus días.
Nínfula huraña.
Deseos tragados a bocanadas
sin filtro
y dedos amarillos.
Perdiendo la empatía.
Muriendo de estar viva
sin vidilla.
Mordiéndose los brazos hasta el codo por no ansiar...
no ansía lo que no puede tocar
y anda cerrando la noche
con cortinas.
Nínfula, ninfómana petrificada.
Brújula de agujas rotas.
Sujeta su boca
y no deja escapar sonrisas
que hagan cálida la brisa
A SU ALREDEDOR.
Yo, por ejemplo,
sin ser yo un ejemplo válido para nadie,
aprendí a no buscar al mega mago mágico ni a reclamarle la paciencia que no tengo.
Yo, por ejemplo,
sin ser yo un ejemplo válido para nadie,
emprendí un camino hacia casa en sentido contrario,
haciendo la vuelta más larga.
Usé un astrolabio
poco útil fuera del agua
que me condujo a este charco.
Aquí he colgado los cuadros y
las cortinas.
Aquí he encendido las velas y
extendido las mantas.
Aquí he dispuesto las cazuelas y
los pocos víveres que me quedan.
Aquí he guardado los zapatos cansada de chocar talones o punteras como una tarada.
Aquí vino el hada
a darme palabritas de aliento
y le cerré la puerta en las narices.
Yo, por ejemplo,
sin ser yo un ejemplo válido para nadie,
me asomo a las ventanas cuando ya no me aguanto ni yo.
Entonces te veo;
jugar entre amigos,
seguir los senderos,
perderte entre flores,
vencer a los malos,
cantar canciones,
comerte el mundo,
darte de bruces.
Entonces me río,
corro las cortinas,
regreso a mis mantas e intento
tapar las vergenzas
de haber sido,
también yo,
DOROTEA A MI PESAR.
Es un hecho constatado desde este alféizar
que veo la fila de ganas apiladas junto a mi puerta desaparecer.
Han caído cuatro gotas prometiendo tormenta
y nada.
Nada es en lo que se quedan tus nudillos.
Huracanes feroces con nombre de hombre que se achantan al romper contra mis costas.
Aún me río
de los intentos de escalada por los riscos intentando conquistar un abismo.
Costumbres de clavar banderas,
reclamar medallas,
sacar brillo al monumento de los vencedores y los vencidos.
Aún me río
de la metralla que las noches de verano no te deja dormir
y de los clavos con los que intentas sacarla.
Es un hecho constatado desde el quicio de esta ventana
que oigo al desaliento colarse deshecho por las alcantarillas.
Han caído litros y litros prometiendo limpiar
y nadas.
Nadas contracorriente como siempre.
Aún me río
de esa esperanza en los ojos buscando el salvavidas,
la cueva,
la madriguera calentita.
Y me seguiré riendo
de los clavos viejos y oxidados a los que quieres aferrarte,
porque esos clavos son míos
y yo,
DE NADIE.
V. El "yo" soberano.
También yo amé como se hace las primeras veces:
abrazando su cara solitaria,
arropando sus secretos como hace una madre,
dibujando días futuros,
cargando el peso de mi risa en sus lomos,
buscando mi paz en sus entrañas,
abriéndome huecos donde alojar sus penas,
comprando cosas y casas,
trayendo vida,
haciendo viajes.
Y luego, nada.
Y luego, todo.
También yo cometí el error de los asesinos principiantes,
ansiando ese fuego prístino en mis tripas.
Un simulacro de alborozo que duraba realmente poco.
Cada vez menos.
Y luego, nada.
Seguí los pasos de los adictos arrepentidos.
Pedí disculpas a cada víctima de mis experimentos.
No sirvió.
Casi todos clamaban por más dolores,
por otra oportunidad de encajarme a mazazos,
por enseñarme la vida,
sacarme brillo,
ajustar y aflojar tornillos,
sin saber
que no hay martillo que me modele
que no empuñe yo.
Nunca añoré un Pigmalión,
ni un maestro,
ni un mentor,
ni el beneplácito conveniente de un amante
que anhela arder cinco minutos en mis llamas,
ni tanta paja
entre el centeno,
ni adaptarme a moldes ajenos,
ni cortarme y coserme según un patrón,
ni dormir en las horas de sueño,
ni vivir con los pies en el suelo,
ni soñar con la vulgaridad.
No hay vuelta atrás.
¡Nunca tendrá gobierno
ESTA CRIATURA QUE ALBERGO!
Amo, adoro, venero lo vano.
Reverencio esta veleidad mía.
Camino de puntillas por la orilla.
Viajo en globo.
Bailo sobre las mesas.
Moviendo las caderas
dibujo un símbolo infinito
sin tropezar con nadie.
Soy el brochazo mal dado por un principiante.
Me antojo de dulce.
Me antojo de salado.
Soy los pies colgando de la colchoneta hinchable.
Amo, adoro, venero a mis caprichos mudables.
Me pierdo en todos los disfraces.
No me caso.
No me canso de esta militancia diletante.
Hago rimas fáciles.
Soy la cancioncilla pop con pretensiones fingidas de trascendencia.
No me gustan las ciencias puras.
Carezco de voluntad
y mucho más de paciencia.
Soy la niña que se mira en todos los cristales, también la madura con corsé, la de los labios rojos.
Soy la que se aburre de todo
menos
de las letras hiladas en espirales,
esas que exorcizan mis males.
Letras que son
puñados de confeti
tapando mis agujeros.
Las grietas por las que se cuelan
tantos pensamientos por segundo,
impidiéndome dormir.
Amo, adoro, venero
el humo,
la niebla,
las vaporosas telas que difuminan los bordes.
Reverencio los espejos oxidados,
las miradas borrosas
y todas esas cosas que me apartan de lo que jode.
Amo, adoro, venero estar
Fundida en un rosa irreverente.